martes, mayo 30, 2006

algo más que mis ganas


Y me quedé ahí, absorta, mirando tu cuerpo, resiguiendo la curva de tu espalda mientras dormías.

La luna abría sus piernas ante los jirones de la noche, que la penetraban con descaro, y yo seguía sumida en mis insomnes carencias mientras dormías, mientras trataba de tocar tu piel, a escasos centímetros de mí, a millones de quilómetros de distancia.

Una tenue luz entraba por la ventana y desdibujaba mi propio rostro en la pared, convirtiéndome en un espectro que había perdido sus cadenas entre los poros de tu piel. Sin dejar de mirarte, sin dejar de observar esas manos que horas antes recorrían mi cuerpo intentando encontrar todos mis rincones. Y esos hombros que, en un momento de placer absoluto, me entraron ganas de morder.

Seguí callada, dejando que la oscuridad evitara mis suspiros y mis indecencias, y permitiendo que el humo de la noche borrara de mi mente todos aquellos fantasmas de los que me tendría que haber librado ya. A estas alturas.

Deben ser cosas de duendes. Esos duendes que coquetean con nosotros, que se enredan entre nuestro pelo, que cuelgan de los mechones rebeldes cascabeles mágicos que suenan con el viento. Y que más tarde se esfuman.

Pero yo… me dejé en tu piel algo más que mis ganas.

jueves, mayo 18, 2006

música eterna




Giraba, danzando, mientras sus pies perdían el control sobre ellos mismos. Las fuerzas del universo controlaban su alma, su cuerpo, su luz interior y exterior.
El brillo de sus ojos. El aliento de su sonrisa. La magia de su aura multicolor.
Y mientras giraba, a su alrededor, la música parecía surgir del todo y de la nada, y las ciudades se rendían a sus pies. Las farolas se inclinaban ante ella, haciéndole una reverencia lumínica. El asfalto recorriendo su cuerpo, como si de sus venas se tratara. Las nubes, la luna, el sol y las estrellas sbre su pelo.
Y la música nunca se detiene. Incesante y eterna.

sábado, mayo 13, 2006

lost in translation


Bob: I don't want to leave.
Charlotte: So don't. Stay here with me. We'll start a jazz band.


(Lost in translation, Sofia Coppola)

viernes, mayo 05, 2006

zapatillas



Jugueteaba con los cordones de sus zapatillas deportivas. No se los había abrochado, y de hecho... nunca lo hacía. Le gustaba caminar con los zapatos sueltos, a pesar de correr el riesgo constante de tropezarse. Pero a pesar de todo... era consciente de ese riesgo, lo asumía, y sabía que si se caía se podía volver a levantar.

Se había sentado en el último escalón de aquel enorme edificio de pisos céntrico, grande, fantasmagórico. Cuando las luces se apagaban parecía una prisión, pero le gustaba sentir sobre su cuerpo la oscuridad tan azul que se desprendía de las paredes, por el hueco de la escalera, por los poros de su piel. Y volvía a ser otra de esas malditas noches azules que tanto detestaba, pero que en el fondo no eran más que parte de su propia realidad. Una realidad que no le disgustaba del todo.

Nunca hubiese imaginado que una de sus noches pudiese acabar así. Parecía irreal, y todo giraba a su alrededor tomando un ritmo acelerado. Se escondía la cabeza entre las manos, intentando buscar respuesta a las miles de preguntas que se le amontonaban, pero algo dentro de ella le dijo que dejara de pensar.

No merecía la pena.

Se levantó y se puso la chaqueta. Cogió del suelo las llaves y se las metió en el bolsillo, y con la mirada agudizada bajó lentamente los escalones hasta llegar al portal y salir a la calle. Las farolas anaranjadas le daban la bienvenida... esa sería otra de sus noches.

Estaba sumida en miles de pensamientos que la atormentaban.