martes, marzo 28, 2006

fuera de servicio

Voy a cerrar la parada durante unos días. No puedo permitir que el estrés pueda conmigo, pero parece que empieza a ganarme el pulso, y necesito convertir las 24 horas de mis días en 48h, sea como sea.

Necesito tiempo. Tiempo para dedicarme a los estudios, para dedicarme a los demás, para miles de cosas, pero sobretodo... para mí.

Es posible que mañana vuelva a escribir y todo sea una falsa alarma, aunque de momento prefiero cogerme unas "vacaciones" para dedicarlas a las miles de lecturas que tengo que hacer, a los miles de apuntes que tengo que estudiar, a hacer los miles de trabajos que tengo que presentar.

Ante todo quería daros las gracias a todos por vuestros textos, por todo lo que ofrecéis en vuestros blogs correspondientes, que han conseguido que me sienta muy a gusto leyendo a gente que realmente tiene muchas cosas que decir. Por los comentarios, por las palabras, por las canciones, por las miradas, por las cosas que he aprendido y que me quedan por aprender.

Y eso es to... eso es to... to-to-todo, amigos. De momento. Nos volveremos a ver las caras cuando menos os lo esperéis.

domingo, marzo 26, 2006

canon

Una de mis piezas favoritas... el "Canon" de Pachelbel, interpretado por la Vienna Opera Orchestra.

Para el deleite de todos vosotros.

sábado, marzo 25, 2006

det sjunde inseglet


"Yo, Antonius Block, juego al ajedrez con la Muerte"
El séptimo sello, Ingmar Bergman

viernes, marzo 24, 2006

estado 481


Discó en el Penfield un estado 481. Necesitaba sentirme la mujer más feliz del mundo, aunque fuera un sentimiento impuesto. Necesitaba sentirse capaz de todo, y ver esperanzas a su alrededor. El 382 la había dejado agotada mentalmente, y necesitaba contrarrestar el efecto negativo que éste había ejercido sobre su cuerpo y sobre su intelecto. Calibró adecuadamente su órgano de ánimos, y salió de la habitación con el aspecto derrotado de siempre. El edificio donde se encontraba su piso estaba cada día más solitario, más silencioso, más vacío. Todo el mundo emigraba a las colonias del mundo exterior, guiados por esas voces enlatadas que les invitaban a “emigrar o degenerar”. El Mercerismo seguía ganando adeptos, y ella había lanzado su televisor por la ventana. Aunque la fundición con Wilbur Mercer fuera la luz que guiara sus oscuras vidas, hacía mucho tiempo que había dejado de creer en cualquier cosa que no fuera la muerte. Miraba sus viejas fotografías con una extraña nostalgia. Allí, en ese pasado tan remotamente lejano, con su madre, parecía una persona distinta. Incluso sonreía. No recordaba su última sonrisa. Las cosas habían cambiado mucho desde la última Guerra Terminal, cada día estaba más sola, y seguía escondida. Incluso su iguana había muerto. Sabía que el sol no iba a salir. Cogió de la estantería roída un viejo vinilo, y se sentó en el suelo.

Könnte jeder brave Mann
solche Glöckchen finden,
seine Feinde würden dann
ohne Mühe schwinden...


No sabía cómo iban a acabar las cosas. Debía seguir escondida... las calles para alguien como ella eran peligrosas.

Subió los controles de su Penfield mientras Papageno seguía entonando su cántico. Cerró los ojos, y simplemente se dejó llevar. Se sintió cansada, más cansada que nunca, y sintió miedo. Tanto miedo como nunca antes había sentido... ¿ya habían pasado cuatro años? Los viejos como Roy, entonces... tenían... razón...

Frío. Oscuridad.

jueves, marzo 23, 2006

ecce homo

Ja! Ich weiss, woher ich stamme!
Ungesättigt gleich der Flamma
Glühe und Verzehr ich mich.
Licht wird alles, was ich lasse:
Flamme bin ich sicherlich.
***
¡Sí! ¡Sé de dónde procedo!
Insaciable cual la llama
quemo, abraso y me consumo.
Luz se vuelve cuanto toco
y carbón cuanto abandono:
llama soy sin duda alguna.
- Friedrich Nietzsche -

martes, marzo 21, 2006

más allá de Tanhäusser

(esta es mi réplica al post de hoy que SamCorco me ha dedicado... espero que te guste)

Ese lunes se había levantado con el pie izquierdo. Se había dormido antes de llegar a clase, justo cuando el despertador le indicaba que debía abandonar a Morfeo, y sus ojos rojos indicaban cierta desesperación. La noche anterior se había quedado hasta tarde releyendo a Kundera, y pensando en la insoportable levedad del ser, y en la absoluta ligereza de sus pensamientos más profundos.

Había sido un inicio de lunes complicado. El rencuentro con la realidad no había sido demasiado afortunado, y todo parecía amontonarse a su alrededor, creando una especie de muralla que trataba de contenerla y no dejarla huir. Pero con las uñas había logrado hacer un pequeño agujero y escapar de esa prisión de cartón piedra y metal.

Esa tarde había quedado con alguien en el centro de Barcelona. Un café, una charla sobre literatura, cine y actualidad con alguien a quien no había visto nunca, pero había aceptado y faltaban menos de dos horas para poder encontrarse con él.

Llegó a casa y dejó la mochila sobre el sofá. Sacó todos los libros, apuntes y carpetas, y metió dentro del bolso su libreta y un libro sobre cine negro, y puso pilas nuevas al discman. ¿Qué disco se llevaría? Tom Waits, o quizá The Smiths. O quizá Morrissey en solitario. Mientras cocinaba, tenía el televisor encendido: esa pequeña ventana abierta a un mundo lejano que a lo mejor nunca llegaba a conocer en primera persona, pero que ansiaba conocer. Su alma curiosa era mucho más fuerte que ella.

Se sentó en el sofá con un plato sobre su regazo, mientras el televisor seguía vomitando malas noticias que le arrancaban la sonrisa al instante. Comió con prisa, porque se le empezaba a echar el tiempo encima, y tras recoger la cocina volvió a sentarse en el sofá. Tenía tiempo... tenía... tiempo...


Despertó de golpe a las cinco y media. Llegaba tarde a su cita, muy tarde, y era probable que él ya no estuviera allí para conocerla, para encontrarla entre los pasillos de la FNAC en la que se habían citado. Pensaría que Robotrix era una maleducada, poco formal e infiel a su palabra. Y ella incluso le llevaba un regalo...


La FNAC estaba misteriosamente desierta esa tarde. La sección de cine parecía una llanura africana, sin árboles ni jirafas en el horizonte. Ni soñadores, ni replicantes. Preguntó a todos los dependientes por el dvd de "Blade runner", con la esperanza de poder volver a encontrarle, pero no les quedaba ni uno. Los habían vendido todos.

"Maldita sea", dijo entre dientes. "Me he vuelto a quedar sin el dvd... y sin conocer al soñador". Y salió de la tienda pensando en lo enfadado que iba a estar él. Esa noche escribiría sobre el tiempo y sobre la puntualidad. Esperaba poder redimir y depurar su culpa.

lunes, marzo 20, 2006

ley seca

Poco que decir y... pocas ganas de decirlo.

sábado, marzo 18, 2006

nobody’s baby now

“Quizá regrese”, se decía cada noche, antes de acostarse. La cama estaba fría al atardecer, de madrugada, antes del amanecer. Ni siquiera los primeros rayos de sol eran capaces de caldear aquellas sábanas que se habían detenido en ese momento espaciotemporal de gélidas intenciones. Inconscientemente movía los pies intentando entrar en calor, pero una nieve ausente parecía cubrir su cuerpo, poseyendo esas sábanas que habían sido testigos mudos de miles de secretos, manías y planos indescriptibles.

Se distraía dibujando nubes en el aire, con los pies, tratando de pintarlas con los colores de sus ausencias. Y repentinamente tomaban color rojo, blanco y azul, colores sepia y pasajes en blanco y negro. Le gustaba imaginar que viajaba en esas nubes, buscando en el cielo y en la tierra un motivo. Un solo motivo.

Escuchaba a Nick Cave con devoción. Deseaba ser cualquier otra persona, mientras se sentía “nobody’s baby now”. De hecho nunca lo había sido. De nadie. Ahora era capaz de valorar esa libertad, esas alas cortadas que seguían ahí, en su espalda, esperando un momento de debilidad para volver a extenderse y romper mitos, esquemas y demás.

Su vida seguiría reduciéndose a fumar a pesar de odiar el tabaco. A sonreír mientras nadie mira, a guiñarle el ojo a los semáforos, a burlarse a todos aquellos que se burlaran de sus grandes esperanzas. Seguiría tratando de esconder sus tesoros bajo el mar, buscando las joyas de viejos zares, desayunando café solo con tostadas de pan integral.


“Quizá regrese”, se dijo antes de acostarse. Y las sábanas seguían tan frías como siempre.

viernes, marzo 17, 2006

el mar, la mar

Me gusta oler la sal del mar, ponerme delante de las rocas y sentir que no soy nada de nada ante su inmensidad. Tengo claro que si me retara a un pulso tengo todas las de perder. Qué puede echarle en cara una simple mortal a toda esa profundidad y a esos abismos...

Si algo me gusta de mi pueblo es poder tener el mar tan cerca y poder sentarme en su falda las tardes frías de invierno para confesarle miles de secretos. Para contarle cuentos de pan y pimiento, para esconder la mirada ante cualquier ola que intente intervenir en esos momentos mágicos.

Tenía muchas ganas de volver a ver el mar bravo de mi costa. Brava, también. Tengo varias cosas que contarle.

jueves, marzo 16, 2006

días de cine

Durante la semana veo, como mínimo, entre diez y doce películas.

Hoy "Volver" de Almodóvar y "Audition" de Takashi Miike.


Una mezcla explosiva. Volátil. Y ambas simplemente... maravillosas.

martes, marzo 14, 2006

transustanciación


Desde la ventana, a través de la persiana, veía los coches pasar, rompiendo el silencio del atardecer con sus luces amarillentas, pálidas, casi enfermizas.
Ni siquiera le apetecía fumarse otro cigarrillo aquella tarde. Se había fumado unos cuatro, y el salón empezaba a coger un repugnante olor a humo. Una extraña niebla gris reinaba sobre su cabeza.
Se acariciaba la frente con un gesto cansado, como desgastado por la rutina de su puta vida, como decía el cantante aquél. Casi con resignación. Y de su rostro colgaban telarañas de cotidianidad, de mugre raída por el paso del tiempo.
Y el humo de sus cigarrillos empezó a molestarle. Sentía cómo se introducía lentamente por cada uno de los poros de su piel, por sus ojos rojos, por sus rincones y sus esquinas más abruptas y redondeadas.
Decidió abrir la ventana para tratar de respirar mejor. Pero con la brisa y el humo ella también desapareció entre las rendijas de la persiana.
Esfumada.

lunes, marzo 13, 2006

#no title


Nunca salgo de casa sin la cámara de fotos. Quién sabe lo que puedo encontrar tras cualquier esquina de la ciudad...

... a veces las calles se muestran impúdicas ante nosotros.

domingo, marzo 12, 2006

Vestida de domingo

Volvía hacia casa en transporte público, escuchando música y con mi libreta abierta, tratando de escribir alguna cosa. Mientras Morrissey me deseaba un "Unhappy birthday" anticipado, yo intentaba plasmar sobre el papel las ideas que me rondaban en la mente desde hacía días, pero la pereza y el desencanto me han arrastrado irremediablemente a una situación de ausencia casi irreversible de musas e inspiraciones.

Ni siquiera soy capaz de acabar aquella carta que empecé, y la claudicación planea sobre mí con descaro, alevosía y perversidad. Ni siquiera soy capaz de retomar mis viejos textos, los textos que debo y los miles de personajes que he abandonado congelados en espacios y tiempos que, quizá, pronto dejarán de pertenecerles.

Algunas de mis antiguas historias acabarán en el fondo de un cajón, y puede que el tiempo vuelva a traerme las motivaciones que necesito para dejar bien atado esos cabos que empiezan a deshilacharse.

Tiempo al tiempo. Puede que a veces tengan razón... a lo mejor quiero vivir, aprender, conocer... demasiado deprisa.

viernes, marzo 10, 2006

Mirar el paisaje


Aunque no deje de quejarme del ajetreo del día a día, de todas las cosas que tengo aún por hacer, de los miles y miles de proyectos que empiezo y nunca termino... me gusta estar ocupada, tener miles de cosas en mente, leer montones de libros a la vez, ir cuatro veces por semana a ver cine, sentir que no dejo de moverme ni de caminar hacia delante, aunque a veces me pare en el camino. Simplemente a mirar el paisaje.

Y a pesar de todo tengo que reconocer que las cosas van mejor de lo que yo jamás hubiera esperado. Dicen que la paciencia es la madre de la ciencia. Dicen, dicen, dicen. Yo creo que todas las cosas acaban situándose poco a poco en su lugar, un lugar mejor o peor, pero que nos gusta. En el que nos sentimos más o menos cómodos. Entonces reinan las medias sonrisas que tienden al infinito.

Son muchas las cosas que provocan que la vida tome según qué caminos, que nos enfrentemos a ciertas encrucijadas. Pero merece la pena. Creo que sí merece la pena. Puede que hoy... sí merezca la pena.

miércoles, marzo 08, 2006

Hiroshima... mon amour


Hay algunas películas que, la primera vez que las vemos, nos dejan una extraña huella en nuestro interior, una huella que no se borrará tan fácilmente. Debe ser eso que algunos llaman "la magia del cine", la fuerza de una buena historia, o simplemente ese espectador impresionable que es capaz de enamorarse... de las cosas maravillosas que algunos son capaces de mostrar.

Algo así me ocurrió con "Hiroshima, mon amour", de Alain Resnais. Sigo recordando esos maravillosos diálogos escritos por Marguerite Duras, la genial puesta en escena, la luz, los actores, la historia. Todo.

Dejo aquí uno de los mejores diálogos en la película... sin traducir, para poder ver la musicalidad de las palabras.



LUI : Tu n'as rien vu à Hiroshima. Rien.

ELLE : J'ai tout vu. Tout... Ainsi l'hôpital je l'ai vu. J'en suis sûre. L'hôpital existe à Hiroshima. Comment aurais-je pu éviter de le voir?

LUI : Tu n'as pas vu d'hôpital à Hiroshima. Tu n'a rien vu à Hiroshima...

ELLE : Je n'ai rien inventé.

LUI : Tu as tout inventé.

ELLE : Rien. De même que dans l'amour cette illusion existe, cette illusion de pouvoir ne jamais oublier, de même j'ai eu l'illusion devant Hiroshima que jamais je n'oublierai. De même que dans l'amour.

martes, marzo 07, 2006

Miedo

Tengo miedo... estoy asustada, pero lo peor es que sé por qué...

¿desaparecerá algún día el terror? ¿O Houellebecq acabará teniendo razón?...

miércoles, marzo 01, 2006

Hay días en los que...

Hay días en los que es mejor no pensar, en los que es preferible ignorarnos a nosotros mismos... porque tenemos la odiosa tendencia a echarnos en cara realidades que nos duelen de verdad... porque sabemos que son ciertas.

Días en los que surgen las malditas preguntas de siempre. ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Qué busco?... ¿hago lo correcto? Y no sabes nada. Eres incapaz de responder a una sola de esas preguntas aunque, en el fondo, detestes tener una respuesta. Siempre te ha gustado eso de la duda, lo has encontrado incluso atractivo, a pesar del inherente componente negativo que supone el hecho de dudar. A pesar de eso que tiende a consolarnos, cuando nos aseguramos que quien más duda es quien más sabe, y miles de blablablas que hoy no me van a llevar a ninguna parte.

Y no me apetece sonreír, y todo es del color del ébano, y la noche no tiene estrellas, y la luz de mi habitación es insuficiente, y no me veo en el espejo.

Dicen que mañana será otro día. Como dice la canción...

Quizás...

Quizás...

... quizás.