histo(e)rias de cine II

Y los bares siempre están llenos. Y la gente es sociable, habla mucho, grita, se ríe, y te habla en euskera hasta que descubren que no entiendes nada de lo que te dicen. Pero estás allí, con tus pinchos y con el cine dentro de las venas... y te sientes bien. Muy bien.

Recuerdo aún el día 20 de septiembre. Nos convocaron el día antes del inicio del festival en el Kursaal (que, por cierto, no es demasiado bonito para ser la "cuna" del cine en la ciudad...) para hacernos entrega de nuestras acreditaciones, horarios, calendario de películas... nervios. Recuerdo muchos nervios. Los rencuentros con los amigos que íbamos a disfrutar del festival, la gente nueva que conocimos, la cantidad de sueños e ilusiones que empezaron a pasar por mi mente en esos momentos. En nuestro horario ponía que debíamos asistir de manera obligada a unas 23 películas, todas ellas incluídas dentro de la sección Oficial y de la sección Zabaltegi, la de nuevos directores. La alfombra roja ya cubría el suelo de la calle, la prensa colocaba sus cámaras y equipos para que todo saliera a la perfección, algún que otro actor ya se paseaba tranquilamente por las calles de la ciudad. Y yo no podía estar más nerviosa.
Pero el día grande estaba por llegar. Los días grandes: para aprovechar al máximo todo el festival tracé un ambicioso horario que me permitiera ver al día, como mínimo, una o dos películas más de las que estaba obligada a ver. Grandes estrenos, presentaciones y alguna que otra joya dentro de las retrospectivas de Lubitsch (su hija estaba en el festival, y vi alguna de las películas de su padre sentada a su lado) y de Barbet Schroeder, que fue uno de los copresentadores de la gala de inauguración.
Y al final las veintipocas películas que me obligaban a ver se convirtieron en las cuarenta y cuatro que acabé viendo. Saturación fílmica capaz de destrozar la mente a cualquiera, pero que se convirtió en el placer más dulce que recuerdo en mucho tiempo. En un momento estabas copiando a Beethoven, y al siguiente eras un miembro de una particular familia de Singapur. Podías convertirte también en un policía corrupto, o en una joven cajera del turno de noche que es retratada por un artista insomne.
Tantas aventuras y tantos recuerdos... que tan sólo me motivan para repetir el año que viene. Y repetiré, y el año que viene me espera otro festival al que no puedo faltar...
... porque el festival de Sitges 2007 va a estar dedicado a una de las películas de mi vida. A la película que ha dado nombre a mi fotolog, que me marcó desde que era un retaco, que me ha convertido en replicante en más de una ocasión: "Blade runner".
Reconozco que lo mío es grave. Me emociono un año antes... pero creo que ahora empiezo a sentir de verdad esas mariposas en el estómago al hablar de cine.






